Chicas Pijas
Chicas, solo chicas, muy pijas y calentonas.

DOS

A Oscar, lo conocí en aquella convención de Nuevas Tecnologías a la que acudimos los dos miembros principales del equipo facultativo de la empresa, para solucionar la instalación electrónica del nuevo edificio del centro social que proyectaba la empresa y, que a todas luces, prometía ser como todas, reuniones de negocios aburridas.
Raúl y yo éramos compañeros de trabajo, en aquella época compartíamos negocios y pasiones, en lo que era una relación casi perfecta, sin compromisos, despertándome a veces de madrugada para llamarlo, excitada y deseosa de sus caricias, noches en las que los juegos sexuales nos llevaban hasta la mañana de un nuevo día en el que aparecíamos ojerosos y sonrientes en la oficina.

Nos contábamos nuestras fantasías, aventuras pasadas, de antes de conocernos e incluso presentes, con el tácito acuerdo de no posesión que ambos nos habíamos auto impuesto. Así la monótona convención se convertía en unas micro vacaciones de las que estábamos disfrutando de un modo bastante privado.

Resolvimos bastante bien los problemas de trabajo que nos habían llevado hasta allí, Oscar, especialista en domótica, representante de la empresa que la nuestra subcontrataría para la ejecución de la parte tecnológica, resultó ser un hombre simpático, agradable y buen conversador con el que incluso salimos algunos días a cenar, fuera totalmente del entorno laboral.

Aquella misma noche, llegamos al hotel después de una divertida cena que compartimos con Oscar. Raúl estaba muy guapo, se tendió en la cama aun vestido en parte, con la camisa y el pantalón aun puesto, me miraba mientras me iba desnudando, aun de pie, para tenderme, ya desnuda, a su lado, abrazándole desde la espalda, desabrochando uno a uno los botones de la camisa, acariciándole el pecho, a la vez que lo besaba en el cuello, bajando con las manos hasta alcanzar el cinturón, el botón, acariciando su sexo por encima de la ropa interior, deslizando la mano después para acariciar su pene, a la vez que le susurraba entre besos, repitiéndole como me gustaría besarlo, acariciarlo, mientras otro hombre se colocaba entre mis piernas para lamer mi sexo, separándolo hasta alcanzar mi clítoris con la lengua, acariciándolo con los labios.

Me apartó de repente la mano con la que acariciaba su pene, que estaba sintiendo cada vez mas firme, para tenderme boca arriba, separándome los muslos, besándome con rabia para penetrarme así sin casi decir palabra, con furia, mediando solamente los gemidos entre nosotros, jadeos ahogados, disfrutando tan solo del placer, retorciendo las sabanas entre los dedos, sus embestidas, enlazando las piernas alrededor de su cuerpo para no dejarlo escapar, entre gritos, gemidos que se me escapaban y que Raúl asfixiaba mordiéndome en los labios hasta hacerme llegar a un orgasmo silencioso, cubiertos mis labios por un beso suyo en el que me recorría la boca con las caricias de su lengua, para llegar al orgasmo él mismo un momento después. Relajándonos juntos ahora, lo abracé con fuerza por la cintura contra mi cuerpo, apretándolo entre mis piernas.

-¿Quieres hacerlo? -Tendidos juntos, me preguntaba ahora.

-Raúl, las fantasías son eso, fantasías, no realidades.

-Vamos, me entendiste perfectamente, ¿quieres o no?

-Sí

La noche siguiente, Raúl me dijo que había llamado a Oscar para salir a cenar, le miré un poco sorprendida.

-Ya acabamos de cerrar los contratos.

Me dedicó una mirada por encima de las gafas, con aire divertido, mientras se ponía la chaqueta:

-Ya lo sé, anda vamos.

No pude evitar reírme.

La velada fue exquisita, cena, música, conversación compartida, un aire de complicidad flotaba en el ambiente y todo resultaba muy natural. Oscar estuvo especialmente ocurrente, me hacia reír a cada momento con sus bromas. Por encima de la mesa, Raúl me miraba, vi en sus ojos el deseo.

Después de la cena, acudimos a un lugar de copas de moda, un sitio mitad sala de espectáculos, con música en directo, y unas mesitas alrededor de la pista de baile, la decoración y el estilo parecía sacado de una comedia americana de abogados. Quería bailar, me levanté, un poco indecisa, al darme cuenta de que no sabia a quien decirle que saliera conmigo, Oscar comenzó una excusa que Raúl se apresuró a combatir, para que fuera él quien bailara conmigo, salimos juntos a la pista, una canción moderna con la que los mas atrevidos se contorsionaban como locos a nuestro alrededor.

Comenzó a sonar un viejo bolero, algunas parejas se retiraron, otras comenzaron a abrazarse, Oscar me cogió rápidamente por la cintura y yo lo abracé por el cuello, acariciándolo con suavidad mientras bailábamos. Miré a Raúl, que nos observaba con una sonrisa en los labios y un cigarrillo entre los dedos. Oscar me acariciaba la cintura, bajando con naturalidad a mis nalgas, mientras nos movíamos.

Era ya de madrugada cuando salimos del local, Raúl propuso tomar la ultima en la habitación de nuestro hotel, era evidente que ya lo había hablado con Oscar, pero la proposición, que por supuesto, Oscar aceptó encantado, parecía adecuada.

Subimos a la habitación, serví algo de beber para todos y nos sentamos en los sofás, Raúl a mi lado, Oscar en el sillón, se levantó de repente, en medio de la conversación, para decirme:

-¿Bailas?

-Claro -me levanté- abrazándome a él al instante.

Comenzamos a movernos juntos, pronto sus manos comenzaron a acariciarme el cuerpo, desde la espalda hasta las nalgas, comencé a quitarle la chaqueta, que cayó al suelo, la camisa, acariciándole el pecho, a la vez que lo besaba en el cuello, mordiéndolo con suavidad.
Oscar alcanzó la cremallera de mi vestido, que bajó despacio mientras me entreabría los labios con su lengua para alcanzar la mía, yo no llevaba sujetador y me quedé frente a él desnuda, con solo las braguitas blancas, las medias, hasta los muslos, con encaje en la parte superior y mis zapatos negros, abrochados al tobillo. Noté como deslizaba los dedos bajo la tela de las bragas, acariciándome las nalgas, separándolas despacio a la vez que me apretaba contra su cuerpo, mis pechos aplastados contra el suyo, mientras me besaba el cuello, acariciándome el lóbulo con los labios.

-¿Sabes? Te deseo desde el momento en el que te vi por primera vez. Deseaba acariciarte, morderte los pezones que se adivinaban bajo la tela de la camisa rosa que llevabas aquel día.
Comencé a besarlo, primero los labios, jugando con el inferior entre los míos, mordiéndolo con suavidad, para buscar después su boca con ansia, recorriéndola con la lengua, su lengua, sus dientes. Me aparté de él, acercándome a Raúl que, sentado, observaba la escena, se había desnudado, solo vestido ya con la ropa interior, un boxer ajustado de color gris, bajo el que se veía claramente ya su sexo, excitado, sentí una punzada de deseo muy intensa al verlo así.

Me coloqué frente a Raúl, apoyando el pie derecho en el asiento del sofá, entre sus piernas, para que me quitara los zapatos, desabrochó la hebilla, lanzándolo

a su espalda, para comenzar a quitarme después la media, besando a media que las iba bajando, las marcas que el elástico había dejado en la piel de mis muslos. Oscar se pegó a mi espalda, apoye la cabeza en su hombro, echada hacia atrás, ofreciéndole el cuello, mientras sus manos recorrían mis pechos que, duros, apuntaban al frente, se pegó a mi todo lo que pudo, dejándome sentir la erección que ya tenia, acariciando mis nalgas, cubiertas aun con la ropa interior, mientras Raúl me despojaba de las medias, y con sus besos subía por mis muslos, entre mis piernas, hasta alcanzar mi sexo, que comenzó a acariciar, a morder, sin quitarme aun las braguitas, adivinando mi clítoris bajo la tela, presionándolo con los labios, haciéndome jadear.

Raúl me agarró la pierna que aun tenia sobre el sillón por el tobillo y me la bajó al suelo, para colocarse de rodillas después, frente a mí, bajándome las bragas, separándome las piernas para acercar sus labios ahora hasta lograr el contacto directo con mi sexo, lamiéndome con fuerza, me quejé entre jadeos, mientras introducía la lengua entre los labios de mi coñito, agarrándome a Oscar, que no paraba de besarme, sujetándome, a la vez que me acariciaba los pechos.

Raúl se apartó de repente, poniéndose en pie, dejándome jadeando a un instante de llegar al orgasmo, lo miré casi con odio por dejarme así y me aparté de él para ponerme frente a oscar, comenzando a besarlo, apretando mi vientre, mi sexo al suyo, noté como llevaba una mano a mi espalda, bajando entre mis nalgas, hasta introducirme un dedo lentamente en mi culito, a la vez que yo movía las caderas, restregando mi cuerpo contra el suyo.

Se apartó Oscar entonces y Raúl me cogió de la mano, llevándome a la cama, donde él se tendió de espaldas y me acercó hasta su cuerpo. Comencé a besarlo, los labios, bajando por su cuello, lamiéndole el pecho, deteniéndome a cada momento para morderlo, bajando por su vientre hasta su sexo, su pene duro, que me introduje entre los labios, deslizándolos arriba y abajo lentamente, apretándolos en torno, deslizando la piel hacia arriba y acariciando con la mano el trozo que no podía introducirme en la boca. Bajaba hacia abajo todo lo que podía, apretando con los labios y hacia arriba de nuevo hasta lamer el glande lentamente con tan solo la punta de la lengua, mientras le acariciaba los testículos con la mano, sintiendo su calor, su deseo, apartando los labios a momentos, para deslizar la lengua arriba y abajo por todo el recorrido de su verga, besándole pequeños besitos, lamiendo despacio.

Oscar nos miraba, acariciándose mientras lo hacia, escuchándose tan solo los gemidos que se mezclaban con la música lenta que habíamos puesto hacia un rato. Pronto, sentí su lengua abriéndose paso a mi sexo, me lamía el clítoris con suavidad, deslizando la lengua por todo mi sexo, arriba y abajo, mientras yo continuaba haciéndole a Raúl una lenta felación en la que quería tener su pene en mi boca todo a la vez, apartándome solo el instante en el que le acariciaba los testículos con la lengua.

Oscar se levantó entonces y me empujó con suavidad, me aparté de Raúl, cogiendo su sexo en la mano, para colocarme sobre él, introduciéndome yo misma su pene, bajando despacio hasta el fondo, sin poder reprimir un jadeo al notarle dentro de mí, notando su sexo, duro, deseoso, me quede quieta un instante así, sintiéndole dentro de mi, mientras lo besaba en los labios, en la boca, mi lengua imparable acariciando la suya sin dejarlo respirar.

Sentí como Oscar se colocaba a mi espalda, separando mis nalgas con su pene mientras lo introducía despacio en mi culito, me quedé aun más quieta, ese primer instante, en el que el glande comenzaba a abrirse paso, siempre me hacia sentir un poco de impresión, que cedía ante el placer después de sentirlo, sentir su pene dentro de mi cuerpo, en ese momento, en el que Oscar comenzó a moverse, moviéndome yo a su ritmo, sus embestidas marcando el movimiento de mi cuerpo sobre Raúl, que se movía solo respondiendo a la cadencia de mis caderas, sublevadas a las de Oscar, que se deslizaba dentro y fuera de mi culito, sin brusquedad, provocando a la vez mi placer, que apenas podía ni moverme, solo dejándome llevar, y el placer de Raúl con la caricia de la penetración, el roce de mi sexo. Jadeé, gemí de placer, grité.

Alcancé mi primer orgasmo, sintiendo el de Oscar, que aprisionó mi cintura, apretándola con los dedos, en el instante en el que derramaba su semen dentro de mí, corriéndose sin aspavientos para no cortar mi propio orgasmo, se separó de mí, dejando que Raúl disfrutara de los movimientos que el orgasmo me estaba produciendo, deslizándome con fuerza arriba y abajo de su sexo, excitándome aun mas en lugar de calmarme. Raúl, conteniéndose, para acabar compartiendo conmigo la segunda oleada de placer, llegando juntos al orgasmo, mientras sentía como su calor invadía mi sexo ahora, dejándome caer, cansada, sobre su pecho.

Escrito por admin el 28 Diciembre 2008 23:20 | Noticia completa |
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