A Oscar, lo conocí en aquella convención de Nuevas Tecnologías a la que acudimos los dos miembros principales del equipo facultativo de la empresa, para solucionar la instalación electrónica del nuevo edificio del centro social que proyectaba la empresa y, que a todas luces, prometía ser como todas, reuniones de negocios aburridas.
Raúl y yo éramos compañeros de trabajo, en aquella época compartíamos negocios y pasiones, en lo que era una relación casi perfecta, sin compromisos, despertándome a veces de madrugada para llamarlo, excitada y deseosa de sus caricias, noches en las que los juegos sexuales nos llevaban hasta la mañana de un nuevo día en el que aparecíamos ojerosos y sonrientes en la oficina.
Nos contábamos nuestras fantasías, aventuras pasadas, de antes de conocernos e incluso presentes, con el tácito acuerdo de no posesión que ambos nos habíamos auto impuesto. Así la monótona convención se convertía en unas micro vacaciones de las que estábamos disfrutando de un modo bastante privado. Seguir leyendo »
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