Ya casi no me acuerdo como comenzó todo esto, cuando empezó a arder esta llama que abrasa mis entrañas haciéndome dependiente de él, tal vez aun éramos muy jóvenes o quizá no tanto ya que yo rondaba los diecisiete años y Javier los quince.
Algunos días antes de acostarme le veía pasar desnudo por delante de mi puerta aun despidiendo el vapor de su cuerpo de aquellas duchas tan calientes de las que gozaba un tiempo que se me hacía interminable.
Un día mi curiosidad se vio reflejada en unas caricias en mi clítoris, mi mano se afanaba en la búsqueda del placer y la sensación de algo prohibido hacía que todo mi cuerpo se estremeciera en un interminable orgasmo.
Los primeros días me sentía algo culpable de transgredir aquellas normas de conducta tan arraigadas en la sociedad, me veía como un ser maligno y pervertido, pero mi cuerpo deseaba aquellas caricias.
Cada noche encontraba alguna razón para tropezarme con él, el salón el teléfono al que acedía tumbándome encima de mi hermanito mientras veía la televisión, jamás me apuraba en levantarme de esa postura y todo mi ser vibraba de deseo que más tarde se hacía medio realidad en la soledad de mi cuarto. Javier al principio se separaba para dejarme llegar con facilidad, pero poco a poco como si notara el encendido deseo dentro de mí, se iba quedando y me acariciaba el cabello mientras recostada sobre sus piernas hablaba con mis amigas. La primera vez que lo hizo, me dejé acariciar disfrutando de aquello como jamás habría podido sospechar, pero separándome después de unos minutos sofocada por un incipiente orgasmo. Seguir leyendo »
Archivado en General, RELATOS-ELLAS.





